Bueno...ya estamos en Portugal. Me gustaría decir que ya terminé con los trámites, y que simplemente voy a clase y hago vida de erasmus, pero ¡no! Antes de nada, quiero aclarar que tengo tantos trámites porque he pedido dos becas extra. Es que quien se haya ido de erasmus pensará que soy idiota o algo, porque paso demasiado tiempo haciendo trámites. Pero no señores, no soy idiota. Eso sí, estoy cansada. En fin, si quiero becas al menos habrá que pelear un poco por ellas, ¿no?
Ayer me di cuenta de que a mi bandeja de correo no deseado me había llegado -hacía dos días- un email desde una institución a la cual pedí beca, y me decían que me faltaba un documento, y que lo mandase urgentíííísimamente. Me dijeron cuál era, y para mi sorpresa, era un documento que ni siquiera ellos me habían pedido. Porque leí la lista de documentos que pedían unas cien veces.
Fantástico ¬¬
Llegué a Coimbra hace 3 días, creo. Creo, porque he hecho tantas cosas en tan poco tiempo que siento que llevo aquí ya dos semanas. Salí en el tren desde Salamanca, como a las cuatro de la mañana, y llegué aquí a las ocho de la mañana, hora local (hora menos, como en Canarias, vuelvo a mi reloj natural). A mi lado iba un señor que olía horrible, pero que estaba en posesión de todas sus facultades mentales, así que no tiene excusa para esa falta de higiene. Que no era un viejito que casi no puede moverse, era un hombre fuerte de cuarenta años, así que lo siento. Ayy...y fueron unas cuatro horas a su lado. Menos mal que el olfato se fatiga, y que pude quedarme dormida porque estaba muy cansada y durante unas horas no tuve que olerle. De todas formas, el pobre al final era buena gente. Cuando el tren iba a llegar a Coimbra, yo estaba nerviosa porque no avisaban de las paradas en alto, y el tren paraba muy poco tiempo en cada estación. Y yo, con esa maleta que es más grande que yo, y el paraguas, y la mochila a la espalda, pensé que si bajaba del tren en tan poco tiempo y con tantas cosas, aquello iba a ser una hazaña. En fin, que el hombre me vio histérica, y le miré, y pensé "Veeenga, pregúntale si sabe cuál es la estación, no te vas a morir por hablar portugués" (todos saben que todavía me da miedo) En fin, que le pregunté y fue súper-ultra-requete-mega amable, y cuando llegué a la estación me ayudó a bajar la maleta (bueno, bajó del tren con la maleta, de hecho, y me la dejó en el suelo) y en el tramo que faltaba hasta la estación fuimos hablando. Yo iba pensando.."halaaa.... ¡¡mi primera conversación con un portugués!!" El hombre, si me hubiera leído la mente, hubiera pensado que qué absurdo, tanta ilusión por eso. Pero en fin, me hizo ilusión. Hasta me parecía que no olía tan mal el hombre. Y el hombre me iba hablando de que él tenía una empresa pequeñita pero que le gustaba, y que tuvo que cerrarla, y que estaba muy triste, y que maldita crisis, y que estudiase mucho y que no me quedase en España que seguro que iba a acabar viviendo debajo de un puente (no con esas palabras pero básicamente), y cosas así.
En fin, pues me bajé del tren completamente desorientada, e hice lo que había pensado no hacer: coger un taxi. Es que siempre voy con la paranoia de que los taxistas me van a timar, y no quiero darles ese placer. Pero cuando llegué tuve la sensación de que la estación estaba en medio de la nada y que no tenía ni idea de cómo llegar a la ciudad. Tan atontada estaba, que en realidad la estación está completamente integrada en la ciudad, no sé cómo no me di cuenta.
Bueno pues llegué al hostal que había reservado por Internet, que se llama Balada do Mondego, y que estaba muy bien, bien de precio y con gente tan amable como el señor del tren. Digo el nombre porque si vienen a Coimbra alguna vez en plan barato, podrían quedarse ahí. Creo que después de tanto tiempo en Salamanca, acostumbrada a la sequedad charra, ahora me siendo entre algodones con los portugueses. Ah... y el taxista no me timó.
Mi idea era llegar al hostal, dormir unas horas y ponerme a buscar casa. Pero me eché en la cama y tenía los ojos como platos, estaba toda nerviosa y me di cuenta de que hasta que no encontrase una casa no iba a poder descansar. Aquí si les dejo que me digan "Alicia eres una histérica".
Y bueno, entonces me dirigí a una oficina que la Universidad de Coimbra tiene para ayudar a los estudiantes extranjeros a encontrar alojamiento, te orientan un poco. Sobra decir que no tenía ni idea de que la parte alta de Coimbra, donde están la Universidad y todas sus oficinas, está MUY alta, en una pendiente que menos de 45 grados no puede tener, ¡mis tobillos lo atestiguan! Cuando yo empecé a subir esa cuesta... y subía, y subía... y escaleras, y cuestas, y escaleras, y seguía carteles que me metían por callejuelas, que parecía que no llevaban a ningún sitio, yo no podía entener cómo por ese camino se llegaba a la Universidad. Es que me parecía antinatural. Una cosa es cierta, los que vivan en La Baixa (la parte baja de Coimbra) y que vengan a La Alta caminando a clase todos los días se merecen dos puntos más o algo, por asignatura. En fin. Cuando por fin llegué a la oficina (casi todos saben que tengo la orientación de una silla, es decir, ninguna) después de equivocarme y subir y bajar muchas cuestas por error, me dice una mujer que la oficina ya no es ahí. Y me da indicaciones para llegar a la oficina nueva, las seguí, pero llegué como a una carretera... y pensé "vale Alicia, otra vez te has perdido" Así que tuve que volver atrás y volver a preguntarle. La mujer me miró con cara de "pero mujer, si es muy fácil.." y entonces ella vio a una conocida suya que iba subiendo la calle, que iba con una bata blanca, y que debería llamarse Lourdes, porque comenzó a gritar increíblemente "¡O Louuuuuurdesss!¡O Louuuuurdesss! Pero la tal Lourdes no contestaba. Entonces me miró y me dijo: ¿Ves a la mujer de la bata blanca? Pues síguela, que ella va a donde tú quieres ir. Y en fin, creo que sobra recordar el símil, Alicia detrás de la señora de la bata blanca...bah, en el fondo es gracioso. Bueno, pues la tal Lourdes no debe envidarle nada a ningún deportista de élite, porque subía las cuestas esas como flotando. Y yo detrás de ella, que pensaba que me moría. La cosa es que ella caminaba, y caminaba, y caminaba. Y se metió en un aparcamiento y pensé "a que va a coger su coche, y me quedó aquí tirada como una colilla" pero no, atravesó el aparcamiento y se metió por una urbanización, y pensé "¡a que va a su casa!" pero no, la atravesó. Y después de unos quince minutos caminando muy rápido, la vi entrar en la maldita oficina y no me lo podía creer. Eran las 11:40 y la oficina cerraba a las 12:00. Y cuando entro, y voy a buscar a la responsable de los estudiantes de intercambio me dice "disculpa, es que tengo que salir ahora, pero vengo enseguida.." y apareció a las 11:55. Eso sí, con toda la amabiliad del mundo. Y nada, cuando llega, le pregunto que cómo hago para encontrar una habitación en una casa y me dice que tengo que ir a buscar un librito fotocopiado a...¿a dónde? Pues a dónde va a ser... ¡LEJOS!. Bueeeeno...fui... saqué las fotocopias... y me di cuenta de que no tenía teléfono para llamar. Fui a una tienda Vodafone y -esto es bueno- había una oferta, te podías comprar un teléfono por veinte euros con tarjeta prepago, sin ataduras infernales ni vender tu alma, ni nada así. Llamé a casi todas las casas del libro y estaban todas ocupadas. Así que compré periódicos, para ver anuncios de habitaciones y milagrosamente encontré esta en la que estoy ahora. Venía con Internet incluido, lo cual es increíble, porque aquí casi nada viene con Internet. Bueno, en Salamanca tampoco, en realidad. Pero no me quería estar atando a ninguna compañía, que todos sabemos que si les dejas te sacan la sangre.
Afortunadamente, vivo en una casa que está en La Alta. Es una casa peculiar, no obstante. Es una de esas antiguas casas enormes, del siglo XIX, en las que antiguamente vivían en la planta alta los dueños y en la baja los criados. Bueno, pues la planta baja, que es inmensa, tiene varias habitaciones que los dueños alquilan para estudiantes. Entonces, aquí estamos todas (sólo alquilan para chicas). La planta baja tiene una entrada independiente de la alta, entonces los dueños están arriba a lo suyo y nosotras aquí. No es que me guste especialmente tenerlos tan cerca, pero tampoco es para tanto y por otra parte tengo baño privado en mi cuarto, y tenemos dos cocinas. Está bastante bien. Tiene un jardín con piscina, pero eso es de uso de los dueños, creo. De todas formas, dentro de poco va a hacer frío, y el jardín y la piscina poco van a importar. Y la habitación es inmensa, con el suelo de madera que hace crack crack cuando pisas, y es súper romántico. Estoy muy agusto en la habitación, realmente.
El contrato que me hicieron para entrar en la casa sí que fue un tanto estricto. Tenía 9 páginas de cláusulas que eran todo prohibiciones, básicamente, entre las cuales está la de que sólo podemos tener visita de 16:00 a 22:00. Así que, gente... si vienen a verme no se pueden quedar en mi casa :( Es un asco, lo sé, pero es que no me quedó de otra. Yo vi que no habia mucho piso donde elegir ya, y no me quería quedar tirada. Pero que conste que pensé en mis posibles visitas. Fue muy gracioso el momento en el que firmé el contrato. Era como estar en la casa de la familia Addams. La planta en la que viven los dueños, está toda decorada con moquetas en los suelos, tapices en las paredes, y lámparas enormes, de esas que parecen arañas. Te hacen pasar a un salón que es tan grande que tienen un piano que parece un mueblecito insignificante en comparación con la mesa en la que te sientas, que está en el centro del salón. Instrumentos de todo tipo -llenos de polvo, solo para lucirlos-, un tablero de ajedrez con fichas de cristal colocadas como en mitad de una partida -esto no tiene sentido, ¿es como para que parezca que juegan?-, cuadros de señores serios con bigote, el techo a tres metros de altura y ventanales con cortinas de terciopelo horrorosas, igual de grandes que la ventana. El dueño y su hijo van todos trajeados hasta las pestañas, y te hablan con un montón de seriedad. "Por favor, siéntese. Lea detenidamente y si tiene alguna duda, levante la mano." Me daban unas ganas de reirme que me moría. Además, el hijo (que fue el que me vino a dar el contrato) dijo "Vamos a poner un poco de música, que esta sala es demasiado silenciosa. Creo que música barroca es adecuada" Ay...me estoy riendo mientras lo escribo. Tienen que ponerle un tono súper serio a esto, claro. Yo que estaba con mi mochila medio destrozada, sudando, de haber pasado todo el día subiendo y bajando cuestas (a todas estas ya eran como las 20:00) con el pelo asqueroso, me sentía absurda en aquel salón. No mal, claro, sólo absurda.
En fin, pues aquí estoy. Las niñas con las que vivo son todavía unas completas desconocidas para mí, hablo con ellas de vez en cuando con mi portugués macarrónico y eso, pero poco más.
No he ido a clase porque mi coordinador erasmus no se ha comunicado conmigo, y estoy un poco perdida. Ya sé los horarios y estas cosas, pero hay cosas de la organización de las clases que no entiendo. Una cosa que hacen aquí, que sí que es totamente antinatural, es que la mayoría de las clases empiezan a las 14:00. ¡Noo! ¡Y mi siesta qué! Clases de 14:00 a 18:00, hay miles. Tendré que coger el horario de los portugueses de almorzar, a las 12:00. No creo que me cueste, que -aparte bromas, los de siempre- me adapto fácilmente a los horarios estos en modo geriátrico. Ustedes ríanse de mi... pero es lo más sano, ¡seguro!
En fin...a pesar de haber detallado tantos contratiempos, la verdad es que -nostalgias aparte- estoy feliz. Echo de menos Salamanca una barbaridad, y hacer vida diaria con mi nena también (hola nena =(...) pero es una etapa muy constructiva. Y lo mejor está por venir, está claro. Establecerse en otro país, aunque esté tan cerquita, no es nada fácil. Y menos cuando tiene tantas calles con cuestas ¬¬
Besitos a todxs, y espero que alguien tuviera la paciencia de leerme hasta el final =)
Ayer me di cuenta de que a mi bandeja de correo no deseado me había llegado -hacía dos días- un email desde una institución a la cual pedí beca, y me decían que me faltaba un documento, y que lo mandase urgentíííísimamente. Me dijeron cuál era, y para mi sorpresa, era un documento que ni siquiera ellos me habían pedido. Porque leí la lista de documentos que pedían unas cien veces.
Fantástico ¬¬
Llegué a Coimbra hace 3 días, creo. Creo, porque he hecho tantas cosas en tan poco tiempo que siento que llevo aquí ya dos semanas. Salí en el tren desde Salamanca, como a las cuatro de la mañana, y llegué aquí a las ocho de la mañana, hora local (hora menos, como en Canarias, vuelvo a mi reloj natural). A mi lado iba un señor que olía horrible, pero que estaba en posesión de todas sus facultades mentales, así que no tiene excusa para esa falta de higiene. Que no era un viejito que casi no puede moverse, era un hombre fuerte de cuarenta años, así que lo siento. Ayy...y fueron unas cuatro horas a su lado. Menos mal que el olfato se fatiga, y que pude quedarme dormida porque estaba muy cansada y durante unas horas no tuve que olerle. De todas formas, el pobre al final era buena gente. Cuando el tren iba a llegar a Coimbra, yo estaba nerviosa porque no avisaban de las paradas en alto, y el tren paraba muy poco tiempo en cada estación. Y yo, con esa maleta que es más grande que yo, y el paraguas, y la mochila a la espalda, pensé que si bajaba del tren en tan poco tiempo y con tantas cosas, aquello iba a ser una hazaña. En fin, que el hombre me vio histérica, y le miré, y pensé "Veeenga, pregúntale si sabe cuál es la estación, no te vas a morir por hablar portugués" (todos saben que todavía me da miedo) En fin, que le pregunté y fue súper-ultra-requete-mega amable, y cuando llegué a la estación me ayudó a bajar la maleta (bueno, bajó del tren con la maleta, de hecho, y me la dejó en el suelo) y en el tramo que faltaba hasta la estación fuimos hablando. Yo iba pensando.."halaaa.... ¡¡mi primera conversación con un portugués!!" El hombre, si me hubiera leído la mente, hubiera pensado que qué absurdo, tanta ilusión por eso. Pero en fin, me hizo ilusión. Hasta me parecía que no olía tan mal el hombre. Y el hombre me iba hablando de que él tenía una empresa pequeñita pero que le gustaba, y que tuvo que cerrarla, y que estaba muy triste, y que maldita crisis, y que estudiase mucho y que no me quedase en España que seguro que iba a acabar viviendo debajo de un puente (no con esas palabras pero básicamente), y cosas así.
En fin, pues me bajé del tren completamente desorientada, e hice lo que había pensado no hacer: coger un taxi. Es que siempre voy con la paranoia de que los taxistas me van a timar, y no quiero darles ese placer. Pero cuando llegué tuve la sensación de que la estación estaba en medio de la nada y que no tenía ni idea de cómo llegar a la ciudad. Tan atontada estaba, que en realidad la estación está completamente integrada en la ciudad, no sé cómo no me di cuenta.
Bueno pues llegué al hostal que había reservado por Internet, que se llama Balada do Mondego, y que estaba muy bien, bien de precio y con gente tan amable como el señor del tren. Digo el nombre porque si vienen a Coimbra alguna vez en plan barato, podrían quedarse ahí. Creo que después de tanto tiempo en Salamanca, acostumbrada a la sequedad charra, ahora me siendo entre algodones con los portugueses. Ah... y el taxista no me timó.
Mi idea era llegar al hostal, dormir unas horas y ponerme a buscar casa. Pero me eché en la cama y tenía los ojos como platos, estaba toda nerviosa y me di cuenta de que hasta que no encontrase una casa no iba a poder descansar. Aquí si les dejo que me digan "Alicia eres una histérica".
Y bueno, entonces me dirigí a una oficina que la Universidad de Coimbra tiene para ayudar a los estudiantes extranjeros a encontrar alojamiento, te orientan un poco. Sobra decir que no tenía ni idea de que la parte alta de Coimbra, donde están la Universidad y todas sus oficinas, está MUY alta, en una pendiente que menos de 45 grados no puede tener, ¡mis tobillos lo atestiguan! Cuando yo empecé a subir esa cuesta... y subía, y subía... y escaleras, y cuestas, y escaleras, y seguía carteles que me metían por callejuelas, que parecía que no llevaban a ningún sitio, yo no podía entener cómo por ese camino se llegaba a la Universidad. Es que me parecía antinatural. Una cosa es cierta, los que vivan en La Baixa (la parte baja de Coimbra) y que vengan a La Alta caminando a clase todos los días se merecen dos puntos más o algo, por asignatura. En fin. Cuando por fin llegué a la oficina (casi todos saben que tengo la orientación de una silla, es decir, ninguna) después de equivocarme y subir y bajar muchas cuestas por error, me dice una mujer que la oficina ya no es ahí. Y me da indicaciones para llegar a la oficina nueva, las seguí, pero llegué como a una carretera... y pensé "vale Alicia, otra vez te has perdido" Así que tuve que volver atrás y volver a preguntarle. La mujer me miró con cara de "pero mujer, si es muy fácil.." y entonces ella vio a una conocida suya que iba subiendo la calle, que iba con una bata blanca, y que debería llamarse Lourdes, porque comenzó a gritar increíblemente "¡O Louuuuuurdesss!¡O Louuuuurdesss! Pero la tal Lourdes no contestaba. Entonces me miró y me dijo: ¿Ves a la mujer de la bata blanca? Pues síguela, que ella va a donde tú quieres ir. Y en fin, creo que sobra recordar el símil, Alicia detrás de la señora de la bata blanca...bah, en el fondo es gracioso. Bueno, pues la tal Lourdes no debe envidarle nada a ningún deportista de élite, porque subía las cuestas esas como flotando. Y yo detrás de ella, que pensaba que me moría. La cosa es que ella caminaba, y caminaba, y caminaba. Y se metió en un aparcamiento y pensé "a que va a coger su coche, y me quedó aquí tirada como una colilla" pero no, atravesó el aparcamiento y se metió por una urbanización, y pensé "¡a que va a su casa!" pero no, la atravesó. Y después de unos quince minutos caminando muy rápido, la vi entrar en la maldita oficina y no me lo podía creer. Eran las 11:40 y la oficina cerraba a las 12:00. Y cuando entro, y voy a buscar a la responsable de los estudiantes de intercambio me dice "disculpa, es que tengo que salir ahora, pero vengo enseguida.." y apareció a las 11:55. Eso sí, con toda la amabiliad del mundo. Y nada, cuando llega, le pregunto que cómo hago para encontrar una habitación en una casa y me dice que tengo que ir a buscar un librito fotocopiado a...¿a dónde? Pues a dónde va a ser... ¡LEJOS!. Bueeeeno...fui... saqué las fotocopias... y me di cuenta de que no tenía teléfono para llamar. Fui a una tienda Vodafone y -esto es bueno- había una oferta, te podías comprar un teléfono por veinte euros con tarjeta prepago, sin ataduras infernales ni vender tu alma, ni nada así. Llamé a casi todas las casas del libro y estaban todas ocupadas. Así que compré periódicos, para ver anuncios de habitaciones y milagrosamente encontré esta en la que estoy ahora. Venía con Internet incluido, lo cual es increíble, porque aquí casi nada viene con Internet. Bueno, en Salamanca tampoco, en realidad. Pero no me quería estar atando a ninguna compañía, que todos sabemos que si les dejas te sacan la sangre.
Afortunadamente, vivo en una casa que está en La Alta. Es una casa peculiar, no obstante. Es una de esas antiguas casas enormes, del siglo XIX, en las que antiguamente vivían en la planta alta los dueños y en la baja los criados. Bueno, pues la planta baja, que es inmensa, tiene varias habitaciones que los dueños alquilan para estudiantes. Entonces, aquí estamos todas (sólo alquilan para chicas). La planta baja tiene una entrada independiente de la alta, entonces los dueños están arriba a lo suyo y nosotras aquí. No es que me guste especialmente tenerlos tan cerca, pero tampoco es para tanto y por otra parte tengo baño privado en mi cuarto, y tenemos dos cocinas. Está bastante bien. Tiene un jardín con piscina, pero eso es de uso de los dueños, creo. De todas formas, dentro de poco va a hacer frío, y el jardín y la piscina poco van a importar. Y la habitación es inmensa, con el suelo de madera que hace crack crack cuando pisas, y es súper romántico. Estoy muy agusto en la habitación, realmente.
El contrato que me hicieron para entrar en la casa sí que fue un tanto estricto. Tenía 9 páginas de cláusulas que eran todo prohibiciones, básicamente, entre las cuales está la de que sólo podemos tener visita de 16:00 a 22:00. Así que, gente... si vienen a verme no se pueden quedar en mi casa :( Es un asco, lo sé, pero es que no me quedó de otra. Yo vi que no habia mucho piso donde elegir ya, y no me quería quedar tirada. Pero que conste que pensé en mis posibles visitas. Fue muy gracioso el momento en el que firmé el contrato. Era como estar en la casa de la familia Addams. La planta en la que viven los dueños, está toda decorada con moquetas en los suelos, tapices en las paredes, y lámparas enormes, de esas que parecen arañas. Te hacen pasar a un salón que es tan grande que tienen un piano que parece un mueblecito insignificante en comparación con la mesa en la que te sientas, que está en el centro del salón. Instrumentos de todo tipo -llenos de polvo, solo para lucirlos-, un tablero de ajedrez con fichas de cristal colocadas como en mitad de una partida -esto no tiene sentido, ¿es como para que parezca que juegan?-, cuadros de señores serios con bigote, el techo a tres metros de altura y ventanales con cortinas de terciopelo horrorosas, igual de grandes que la ventana. El dueño y su hijo van todos trajeados hasta las pestañas, y te hablan con un montón de seriedad. "Por favor, siéntese. Lea detenidamente y si tiene alguna duda, levante la mano." Me daban unas ganas de reirme que me moría. Además, el hijo (que fue el que me vino a dar el contrato) dijo "Vamos a poner un poco de música, que esta sala es demasiado silenciosa. Creo que música barroca es adecuada" Ay...me estoy riendo mientras lo escribo. Tienen que ponerle un tono súper serio a esto, claro. Yo que estaba con mi mochila medio destrozada, sudando, de haber pasado todo el día subiendo y bajando cuestas (a todas estas ya eran como las 20:00) con el pelo asqueroso, me sentía absurda en aquel salón. No mal, claro, sólo absurda.
En fin, pues aquí estoy. Las niñas con las que vivo son todavía unas completas desconocidas para mí, hablo con ellas de vez en cuando con mi portugués macarrónico y eso, pero poco más.
No he ido a clase porque mi coordinador erasmus no se ha comunicado conmigo, y estoy un poco perdida. Ya sé los horarios y estas cosas, pero hay cosas de la organización de las clases que no entiendo. Una cosa que hacen aquí, que sí que es totamente antinatural, es que la mayoría de las clases empiezan a las 14:00. ¡Noo! ¡Y mi siesta qué! Clases de 14:00 a 18:00, hay miles. Tendré que coger el horario de los portugueses de almorzar, a las 12:00. No creo que me cueste, que -aparte bromas, los de siempre- me adapto fácilmente a los horarios estos en modo geriátrico. Ustedes ríanse de mi... pero es lo más sano, ¡seguro!
En fin...a pesar de haber detallado tantos contratiempos, la verdad es que -nostalgias aparte- estoy feliz. Echo de menos Salamanca una barbaridad, y hacer vida diaria con mi nena también (hola nena =(...) pero es una etapa muy constructiva. Y lo mejor está por venir, está claro. Establecerse en otro país, aunque esté tan cerquita, no es nada fácil. Y menos cuando tiene tantas calles con cuestas ¬¬
Besitos a todxs, y espero que alguien tuviera la paciencia de leerme hasta el final =)

3 comentarios:
Guau Alis. ¿Cómo lo haces? Relatas cada detalle como si fueras una novelista profesional. Me he agotado y sufrido por ti leyendo cada detalle, es como si lo hubiera vivido. Menuda barbaridad. Menos mal que todo ha comenzado de manera algo normal. Estoy seguro de que te irá bien porque a las personas como tú, con un espíritu como el tuyo, acaban saliéndoles todo bien. Ah, soy Will (El Willy de antes). Besos de brezo Alis y mucha suerte.
¡Willy! Sabía que eras tú por lo de "Alis", nadie más me llama así ;) Graaacias por tus halagos xD Y por tus predicciones. Muchos besos ***
Mucha Suerte miniña linda!!!
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